Partir una sandía solía cansarlo. Ahora este paciente está prosperando.
La tos que Chris Rose no podía quitarse de encima lo siguió de vacaciones con su esposa, Alexis, a los Outer Banks, en Carolina del Norte. Ella insistió en que fuera a un centro de urgencias, y eso resultó ser el primer paso de un diagnóstico que probablemente le salvó la vida.
“Mi ritmo cardiaco era de 180”, dijo Chris, recordando aquel día. “Me dijeron que tenía que ir al hospital inmediatamente”.
¿Un problema cardiaco? Le costaba creerlo. Solo tenía 36 años.
Finalmente, se le diagnosticó fibrilación auricular (FA) (solo inglés), un latido cardiaco irregular o arritmia. Se estima que 10.5 millones de estadounidenses tienen fibrilación auricular y un 62% no tiene conocimiento de la condición antes del diagnóstico.
La fibrilación auricular se puede tratar si se detecta a tiempo y a menudo es manejable, pero si no es así, puede provocar complicaciones como el ataque o derrame cerebral, coágulos sanguíneos o insuficiencia cardiaca.
Tras su diagnóstico de fibrilación auricular, Chris recibió atención más cerca de casa en el hospital Chippenham de HCA Healthcare en Richmond, Virginia, donde un electrofisiólogo cardiaco realizó una cardioversión eléctrica para restaurar el ritmo normal del corazón mediante una descarga eléctrica de baja energía.
Unos días después, Chris necesitó un procedimiento secundario no quirúrgico llamado ablación por catéter como parte de su cuidado continuo de la fibrilación auricular. El procedimiento crea pequeñas cicatrices en el tejido cardiaco que bloquean las señales eléctricas defectuosas.
Durante las ocho semanas previas a su ablación, Chris experimentó los agotadores efectos de la fibrilación auricular. Recuerda estar tan agotado después de partir una sandía que sentía como si hubiera caminado seis millas. Tenía la piel gris, dijo Alexis, y ella temía tanto perder a su marido que su médico le recetó un medicamento para la ansiedad.
“Lo miraba mientras dormía”, dijo. “No sabía si iba a sobrevivir”.
Incluso con el medicamento, el corazón de Chris latía rápidamente en todo momento, oscilando entre 120 y 150 latidos por minuto. Su fracción de eyección, una medida de la cantidad de sangre que sale del ventrículo izquierdo con cada latido, era del 5%. Lo normal es entre el 55%. y el 70%.
“Había una posibilidad muy real de que podría morir”, dijo Chris.
Tras la ablación, el equipo de atención y los seres queridos de Chris vieron avances alentadores. Normalmente es un procedimiento de un solo día, pero Chris quedó internado por una noche porque su fibrilación auricular había sido muy grave. Al ver a su marido horas después, Alexis notó que tenía la piel rosada, un color que no había tenido en meses. Parecía sano y se sentía mejor.
Pero Chris sabía que los procedimientos, los medicamentos y las visitas al médico por sí solos no lo mantendrían sano. Sus propias acciones tuvieron un papel igualmente importante.
“Se tiene que tantear la cosa con esta condición. Hay que hacer lo que te indican y esperar lo mejor”, dijo. “Si no lo haces, no te ayudas a ti mismo”.
Chris tuvo que esperar cuatro meses para empezar la rehabilitación cardiaca, pero podía empezar a hacer cambios en su dieta de inmediato. Nunca había prestado atención a lo que comía más allá del sabor, pero empezó a tomarse la nutrición en serio.
Él y Alexis vaciaron la despensa de alimentos procesados y buscaron recetas e ingredientes bajos en sal. Empezaron a usar una freidora de aire, un cambio sencillo que les permitía disfrutar de alimentos crujientes sin exceso de aceite.
“La parte más difícil fue dejar de comer alimentos súper salados como las papas fritas”, dijo Chris. “Puedes comerlos, pero no en exceso. No es divertido ni fácil, pero si quieres seguir adelante, tienes que hacer actividad física y seguir el plan de salud”.
En octubre de 2023, le dieron el visto bueno para comenzar la rehabilitación cardiaca. Empezó decidido a mejorar: a luchar sinceramente por su vida. Tres días a la semana durante seis meses, hizo ejercicios que se volvían progresivamente más intensos a medida que recuperaba la fuerza del corazón.
Sandra Rogers, MSN, RN-DC, su coordinadora de rehabilitación cardiaca en el hospital Chippenham de HCA Healthcare, sabía que Chris estaba muy motivado porque ya había comenzado a cambiar su estilo de vida.
“Fue un privilegio formar parte del proceso de recuperación de Chris”, dijo Rogers. “Gracias al ejercicio progresivo, su capacidad funcional mejoró un 227%. Es un campeón de la rehabilitación cardiaca”.
Chris también se reunió con la dietista registrada del hospital, y finalmente bajó 100 libras. Terminó la rehabilitación hace dos años y sigue tan motivado como siempre para seguir caminando, levantando pesas y moviéndose, teniendo en cuenta que la fibrilación auricular podría volver en cualquier momento. Lleva un estilo de vida saludable para su propio beneficio. Chris insiste en que hacerlo por cualquier otra persona iría en contra de su propósito.
“Si no, les pasas una gran parte de la carga a ellos, y no me parece nada bien”, dijo. “No pueden hacerse responsables de ti”.
Aunque ya no se la pasa pensando en su condición, lleva un reloj inteligente para controlar el ritmo cardiaco y asegurarse de mantenerse dentro de un rango seguro. Ahora está completamente sin medicamento cardiaco y ve al electrofisiólogo una vez al año.
A Alexis le encanta caminar juntos, a menudo en eventos de la American Heart Association. Formando pareja por 11 años y casados durante cuatro de ellos, siempre han sido unidos, pero este camino compartido de salud ha consolidado aún más su relación.
“Su actitud afirma: ‘Quiero vivir la vida’”, dijo Alexis.